Hoy en la
ducha reflexionaba acerca de la gran molestia que me causa el obtuso paradigma
de izquierda de creerse defensores del bien común, que es sólo común a sus
únicos y particulares ojos. He tratado de hacer el ejercicio de pensar por qué
alguien podría tratar de cambiarle el nombre a un cerro, hito urbano además,
que lo posee hace muchos pero muchos años, para otorgarle un nombre indígena que nunca se ha ocupado en español. Qué complicadas interacciones neuronales
deben haber intervenido en esa decisión, cuan complejo y profundo debe haber
sido el siquiera planteárselo y buscar la forma de implementarlo con un dejo de
democracia participativa interactiva. Primero pensar en si sería HUELEN, UELEN
O WELEN. Seguramente las discusiones con el comité asesor deben hacer sido
interminables, hasta altas horas de la madrugada, analizando la conveniencia de
un nombre frente a otro, luego el diseño del plebiscito, el tipo de papel, la
tipografía, los lugares de votación, los presupuestos, definir cuánto pagarles
a los colaboradores, y un sinfín de otras actividades interesantes. Entonces,
se realiza la consulta a un moderado costo y ¡¡ZAS!! nadie quiere cambiarle el nombre, o
dicho de la manera que les agrada, la mayoría no está de acuerdo con cambiarle
el nombre al mencionado cerro. Me parece tan absurdo hacer tamaña faramalla
para al final dejar todo tal cual. Seguramente, el famoso engendro de alcaldesa
debe estar pensando porqué le falló su propuesta, creyendo que los poderes
fácticos internacionales del imperialismo yanqui-japonés –inglés-australiano,
compraron los votos de la mayoría, pues ella NO ESTABA EQUIVOCADA.
Peor aún es
la otra loca, la honorable dueña de casa, aquélla de Providencia, adalid del
cuidado de los hígados y del bien y correcto vivir. En qué soñó, me pregunto. O
terminó creyéndose el cuento de que había sido elegida por la verdadera mayoría
de los habitantes de la comuna (hoy es una verdad indiscutible que se llevó a
gente a inscribirse en Providencia. Hay algún socialistoide, medio comunacho o
tipo Robin Hood o cualquier especie de alimaña parecida que pueda rebatirme?) la
cosa es que su gobierno comunal ha sido francamente deficiente y como necesita
distraer la atención, tomó la bandera de la salud….no más botillerías hasta
tarde, no más restaurantes abiertos en la madrugada. El sentido común de la
señora le dice que a esa hora TOOOODOS deben dormir, porque es civilizado,
porque en el norte de Escocia es top, y en Finlandia es una costumbre
habitual….porque al final, ella es poseedora de la verdad de lo correcto, no
importa a quien le afecte, no importan las libertades individuales, ni a
quienes perjudique, no hay un interés de consenso. AL final hay otras comunas
limítrofes que si permiten lo que no se permite en mi comuna, Providencia, a unas
cuadras de distancia. Eso es tan ridículo como el que no se pueda vender
cigarrillos a menos de 200 metros de un colegio, a 201 sí se puede…. ¡La weá
tonta!
Este
paternalismo es odioso. El Estado terminará, por la misma vía, definiendo qué
debemos comer, qué debemos fumar ( marihuana sí, tabaco no, el floripondio aún
no entra a la palestra, pero lo hará), qué debemos tomar y cuánto debemos pagar
por hacerlo, qué autos son correctos, los otros no serán permitidos vía costo,
qué colegios deben existir, qué se debe enseñar y cómo hacerlo, mantener vivo
el odio al gobierno militar, que debemos ver y oír, que todos somos iguales y la
misma tracalá de tonteras que venimos escuchando hace rato.
Recuperemos Providencia, por favor. No sirve un día a la 1
de la tarde, otro día a las 9 de la noche. 10 MINUTOS, TODOS LOS DÍAS, DE LUNES
A DOMINGO!!! Está en juego mucho más que la hora de cierre de las botillerías.
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