jueves, 3 de julio de 2014

¿Compañeros o tontos útiles?

Hace unos días, a propósito de los partidos de “La Roja”, vi una fotografía de las insignes diputadas Vallejo y Cariola que posaban junto al también reputado diputado Tellier y algo se vino a mis pensamientos de inmediato: compañeros.

Hoy, en un mundo que es muy diferente a 30 años atrás, la palabra volvía a mi mente con toda una carga emocional que seguramente a muchos les es ajena, comenzando por Vallejo y Cariola. Yo la odiaba pues representaba todo lo peor, toda la injusticia imaginable. Esa palabra podía romper con cualquier cosa establecida y respetada. Porque somos compañeros, porque somos de la misma clase, porque no nos importan los que no son compañeros y compañero sólo es aquel que sigue a ultranza las ideas de igualdad que nos animan.

Tú no eres compañero si no estás dispuesto a ser igual al resto de los compañeros. Si no eres compañero eres un traidor a la patria (hoy eso me suena claramente venezolano), eres un desgraciado capitalista, individualista, explotador de la clase compañera, indigno siquiera de tocarle siquiera los gruesos bototos a ese hombre rudo, inculto, trabajador y sacrificado que representaba gráficamente al compañero ideal (me falta eso sí, los bigotes al estilo Stalin o la barba y el pelo largo al estilo más americano de Fidel o el Ché). Todo eso era visceral, era de mucha piel. La ideología que representaba la verdad máxima, tal vez auto-embriagada de poder y creyente en nada que no fuesen sus propias ideas, estaba animada por un deseo de hacer el bien a las sociedades. La verdad no lo sé. Me imagino que muchos de los que creen o creyeron en esa utopía sinceramente pensaron que se podía. Que se podía igualar, que el Estado representado en la realidad por gobiernos autocráticos y dictatoriales de izquierda era capaz de administrar riqueza, cuando en realidad solo terminó mal administrando pobreza.

Supongo que creyeron que el capitalismo burgués explotador de las pobres masas era más cruel que su manida asistencialidad.  Que la planificación centralizada podía ser capaz de organizar los sistemas productivos como quien genera un diagrama PERT. La Democracia practicada por estos crueles ilusos era siempre igual, sólo si eres compañero podrás participar de la democracia, es decir sólo si piensas igual y eres capaz de perpetuar al líder de siempre en el poder por generaciones. Y la excusa es y será que la revolución necesita tiempo, necesita destruir para construir, necesita el renacer de la sociedad y por ello cualquier cosa que suene, huela o parezca ir en contra de la revolución debe ser completamente destruido, sofocado y eliminado (la retroexcavadora pues).

La pomada que venden es potente, por ejemplo: salud de acceso universal para todos y gratis, educación pública secundaria y básica gratis  en los mismos estándares de los establecimientos privados pagados, educación superior gratuita para todos los hijos de esta tierra, eliminación de la pobreza de raíz, exterminación de la inseguridad pública, respeto irrestricto (a veces completamente irracional) de las minorías “cool” (como los gays, mapuches, ciclistas furiosos y algunos otros, dentro de los cuales evidentemente no están incluidos los enfermos de Alzheimer, ni los que quieren rebajar el IVA a los libros); transporte público de calidad estilo 5 estrellas barato; vivienda propia de gran calidad a un costo ínfimo subsidiado por el estado; que los que tienen más den más de lo que tienen a los que tienen poco; y un infinito etcétera que yo no compro.

Cariola, Tellier y Vallejo… no les creo nada, yo conozco a los de su tipo, no tengo 15, 20, ni 30 años. Tengo buena memoria y no les creo el mismo cuento añejo. Ese “compañeros” que ustedes usan es tan unilateral, porque ustedes usan a todos, sin asco, pero al momento de recibir el “chequecito” los compañeros no son más que una piedrita en el zapato. ¡Ustedes son menos “compañeros” que nadie!

No puedo evitar que los tontos útiles que pululan en torno a ustedes, los voten… pero no me callaré y seguiré diciendo que siguen siendo son los mismos cafiches del Estado de siempre, que no han cambiado más que el pellejo, sinvergüenzas, frescos, descarados, caraduras y canallas. Sin contar que Tellier, además, es un asesino ruin.

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