lunes, 28 de julio de 2014

A propósito de sal, saleros y diputados.


La sal ha sido uno de los bienes más apreciados de la humanidad. Su uso se remonta al menos a un par de miles de años antes de Cristo y tiene entre sus “logros” incluso el haber sido moneda de intercambio por lo cual ha dado origen a palabras como “salario”. La sal ha sido altamente apreciada al potenciar los sabores naturales de las comidas y es, sin duda también, un elemento esencial para la vida y según es considerado hoy, su consumo excesivo, especialmente por sus propiedades anti-deshidratadoras (por decirlo de alguna manera clara), es nocivo para la salud con cinco efectos principales:  insuficiencia cardiaca, daño renal, retención de líquidos, daño gástrico y accidentes cerebro-vascular. Por otro lado, la ausencia de sodio provoca serios problemas como pérdida extrema de fluidos corporales lo que ocasiona bajo volumen sanguíneo y baja presión arterial, calambres musculares, debilidad, mala memoria y concentración, deshidratación y acidosis.
 
El promedio necesario de sodio diario es del orden de 2.4 gramos y nuestra sociedad se encamina a un consumo de 3 gramos, es decir se consume sodio en exceso. La manera más negativa de consumir sal  es cocinada o involucrada en productos comestibles terminados. La forma menos nociva es consumirla directamente, aportada posterior a las cocciones o preparaciones alimenticias.
Algo similar se podría decir del consumo de azúcares, también acerca del consumo excesivo de harinas y, en general, acerca del consumo excesivo de casi cualquier alimento, condimento o aditivo. Es decir, cualquier cosa consumida en exceso, ciertamente, puede traer consecuencias negativas a la salud.
Es por esto que un grupo de adalides de la salud, congresistas de nuestro parlamento, han enarbolado la bandera de la eliminación de los saleros en cualquier lugar donde se dispensen comidas por el grave efecto que esto puede provocar en las personas. Los diputados Silber y Farkas son los guaripolas de esta interesante moción parlamentaria que, de ser aprobada, nos capultaría a los primeros lugares del mundo en el cuidado de salud pública disminuyendo drásticamente la ingesta de sodio a todos los hijos de esta tierra. Claro está que para no burlar las libertades individuales que dicen que uno se puede comer un kilo de sal así se muera o se convierta en jamón serrano, la prohibición sólo aplica a la disposición inicial del salero en la mesa pues si el parroquiano quiere agregar sal a su plato, sólo le basta con pedirlo al mozo. No está claro en el proyecto si el mozo deberá quedarse esperando que el parroquiano termine de usar el salero o podrá dejarlo sin supervisión por unos minutos, algo que debiera establecer la norma.
Me siento francamente feliz de saber que los pocos millones que estos diputados ganan  para generar su tarea de bien común, sean tan pero tan bien empleados.  Y eso que no hemos hablado de los saleros en sí mismos que al no estar en la mesa no se humedecerán y por tanto serán siempre funcionales. Gracias a Dios y a estos diputados estaremos protegidos de la sombra fatal del sodio.
Yo, modestamente, me atrevería a realizar un pequeño aporte ampliando la idea: no más azucareros en los salones de té. Eliminemos las mermeladas que contienen tanto azúcar, prohibamos definitivamente la importación de jamón serrano y prosciuto, no más ají , ni mostaza ni menos kétchup en los mesones de las fuentes de soda (tampoco en sachets en los locales de comida rápida), cruz al pebre y a los encurtidos en general. Se prohíbe cocinar el famoso pollo a la sal. La salsa de soya debe ser prohibida en los locales de comida china (la maceración de la soya se hace en SAL …chinos criminales!!!). En fin…es una cruzada sin límites en pos de la salud y la vida plena que recién comienza.
Las redes sociales se harán, sin duda, eco de esta propuesta. Los serios estudios detrás de la idea le entregan una base sólida a los diputados en cuestión. Que Dios les ayude y les asigne, desde ya, un lugar en el paraíso (obviamente libre de sodio), para que logren tener éxito en la comisión de salud de la Cámara y no recibir indicaciones negativas. Quien podría haber pensado que en este país olvidado de la mano de Dios, pudieran existir seres con tan alto vuelo y de tan buenas intenciones. A los detractores que dicen que estos diputados no encontraban forma para hacerse conocidos, les enrostro su falta de comprensión y buena voluntad. Silber y Farkas, reciban mis modestas mil gracias por salvarme del salero.

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